
No sólo por la juventud del artista, no sólo por la fuerza de su voz, no sólo por la carga emotiva de sus interpretaciones sino también por la forma en que Otilio hizo química con la muchachada estudiantil y las expresiones de aprobación de que cómo disfrutaron enormemente el delirante concierto.Sonaron las primeras notas musicales del pianista que le acompañó y la algarabía no se hizo esperar. Reinaba en el auditorio un bullicio de fondo y al darse los “buenos días” al momento de iniciarse la actividad, la respuesta fue estruendosa.
Otilio, con su poderosa voz casi enloquece de emoción a los jóvenes que estudian allí para “construir un mundo mejor”. Segundos antes de cantar, explicó que en el hombre la voz tenor es la más aguda y la de barítono es la media. Y fue así como inició su concierto con “Amapola”, canción que recibió como respuesta un delirante aplauso.
Presenciaban su actuación, 500 estudiantes de 4to y 3ro de “Media” con edades entre los 14 y 19 años. La población estudiantil global del Politécnico es de 1, 000 personas. Detrás de Otilio, al fondo del escenario, había colocadas las banderas dominicana y la del Politécnico. Otilio, ataviado con un traje negro, daba pasos cortos en el escenario, mientras su voz se desplazaba y estremecía no sólo los corazones de las féminas sino que también arrancaba aplausos a los varones.

La canción “La Gaviota” de Juan Bosch. Tenía que ser, puso de pie a la multitud de estudiantes que calzaban uniformes caqui y techare blanco con rayitas rojas. “Que bueno. Que público tan maravilloso me ha tocado. Gracias a Dios”, comentó luego de interpretar la canción del maestro y el público le respondió con otra ovación estruendosa.
Tampoco importó la estridencia del sonido. La voz de Otilio traspasaba todas las barreras. Por eso se creció al cantar “Una primavera para el mundo” del maestro Rafael Solano y que inmortalizó a Fernando Casado. Otra vez, la inmensidad de la voz de este joven de apenas 29 años de edad, volvió a poner al joven público de pie y con los brazos al aire por la emoción.
“Quisqueya” de la autora Corin Sánchez Cestero puso a rodar lágrimas en las mejillas de algunas féminas pues brotó y puso en relieve el sentimiento patriótico. Esa canción también atrajo más estudiantes que se agolparon en las puertas del Salón de Actos.
Otilio, entonces, para variar, sorprendió con un “joropo” venezolano muy movido “Alma Llanera” que se disfrutó y hasta se bailó en los “asientos”. Fue el momento para anunciar su despedida del escenario. Pero al igual que el pueblo, también el público es soberano.
¡Otra! ¡Otra! ¡Otra!, el grito unánime de la multitud estudiantil no se hizo esperar. Nadie quería irse. Otilio complació cantando “Por Amor” del maestro Rafael Solano y dijo: “Yo voy a cantar otra pero ustedes me van a tener que ayudar”. Vino entonces un coro de todos que fue a todo pulmón.

¡Otra! ¡Otra! ¡Otra!, el grito unánime de la multitud estudiantil no se hizo esperar. Nadie quería irse. Otilio complació cantando “Por Amor” del maestro Rafael Solano y dijo: “Yo voy a cantar otra pero ustedes me van a tener que ayudar”. Vino entonces un coro de todos que fue a todo pulmón.
Al terminar pensaba que ya se marchaba. Había incluso recogido todos sus motetes. Pero qué va…Otilio, y a solicitud de la monja María Isabel, subió al escenario en medio de otra gran algarabía para improvisar una que dijo no se sabía pero con un inmenso significado para la población estudiantil: “Éxito”. Volvió a demostrar cuán inmenso es él, que siempre lució sonriente con su rostro de niño en el curso de una hora intensa y emotiva que propició para delicias de los estudiantes del Cardenal Sancha y gracias al Ministerio de Educación y Cultura.
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